sábado, 26 de abril de 2008

EXTRAÑO DÍA

Como cada viernes por la mañana me debatía entre levantarme o quedarme durmiendo, finalmente me levantaba para ir a la academia y como cada viernes, ya estaba en mi casa la mujer de la limpieza, todo normal, me vestí, estrené chaqueta y colgándome la mochila al hombro me vajé a la parada del autobús.

Una vez llegado a la parada viene un hombre que intenta en bano hacer que un conductor de autobús pare para recogerle, se molesta pero no mucho y acto seguido empieza a hablar conmigo, como si ya me conociera y empieza a contarme su vida, que si está ciego de un ojo y no ve bien del otro, que si estaba prejubilado y cobraba la invalidez, que si una vidente le dijo que tenia una mirada tan profunda que cuando se enfrentaba a alguien nunca más lo volvía a ver... y yo aún desconcertado por el sueño le asintía con la cabeza y le contestaba con palabras que ya ni me acuerdo, por fin llegó el siguiente autobús el cual él esperaba, se subió y se marchó, me sentí aliviado francamente, cuando alguien me aborda así por la calle y sin saber porque te empieza a contar su vida (la cual, aunque suene cruel, no te importa mucho) yo personalmente me siento muy incómodo y me agobia la situación, así que si, me alivió su marcha, pero yo tenia que seguir esperando a un amigo con el que me voy a la academia, así que ahí seguí, cuando a mi lado escucho una voz que me pregunta que autobús voy a coger, el 60 le respondí mientras giraba mi cabeza, ahí estaba, al principio no la habia reconocido, sinceramente, pero por fín caí, era Belén, la novia de un amigo, la cual llevaba un carro que a su vez portaba a su hijo y al de mi amigo, me quedé impactado la verdad, me dijo que vivían cerca, que hacía poco que se habían mudado, datos que desconocía, cuando me dió por mirar al interior del carrito, lo vi por primera vez, un bebé de 2 meses que no media más de 43 cm. y nacido prematuramente a los 7 meses de gestación, pero no era un bebé más, era el hijo de mi amigo, amigo al cual conocía desde que tenía 6 años de edad y con el que he compartido muchas cosas de mi infancia, de mi adolescencia y del principio de la madurez, ya era padre. Al rato de estar conversando vino su autobús nos despedimos y se marchó, pero estuve pensando en esa pequeña experiencia todo el día y supe que sería un día que se había convertido en único y que no olvidaría el resto de mi vida.

Al minuto veo que mi amigo ya habia llegado y me dice que levaba ahí lo menos 10 minutos, me quedé un poco sorprendido porque no me dí ni cuenta, estaba tan distraido... El caso, que por fin vino el autobús, lo cogimos y nos fuimos. Llegamos a la academia por fin, tarde como siempre y entramos con la clase ya empezada. Se me pasó la clase volando, normalmente se hacía eterna, pero ese día fué visto y no visto, escribimos un comentario crítico sobre un texto de JUAN JOSÉ MILLÁS, y yo, que acabé antes que mi amigo, recogí, salí de clase y me vajé a la calle para fumarme un cigarro mientras lo esperaba, estaba extrañamente agobiado, por fín vajó él también y nos fuimos a casa por donde habiamos venido.

Una vez llegado a casa me pongo a jugar un rato a la play, hasta que viene mi hermana que apresuradamente empieza a calentar la comida que ya estaba hecha, me sorprendió porque lo primero que suele hacer nada más llegar es dirigirse al ordenador de mi padre, pero esta vez no.
Apagué la consola y me dirigí hacia la cocina, para comer y para preguntarle el por qué de tanta prisa, me respondió que había quedado para dentro de una hora, cosa no habitual, comimos y se fué.

Al rato llegó mi madre con la compra semanal y lo primero que me da nada más llegar es una foto suya en su puesto de trabajo de cuando tenía solo 16 años, esa foto, no se por qué, fué como viajar a través de una máquina del tiempo, estaba cansado de ver fotos antiguas de mis padres, pero esa foto me supuso una simpatía inusual, después de ello discutí con mi madre 2 veces y las dos veces fue como si no hubiese pasado nada, tan normal.
Más tarde, entré en una habitual página de internet para mí, que linkeaba a su vez una página de juegos, todas las semanas lo hacían pero yo nunca entraba, puesto que los juegos on line no me suelen gustar, pero sin embargo el viernes entré y estuve jugando hasta que me dí cuenta de que se habían hecho las 10 de la noche, el tiempo pasó tan sumamente rápido que apenas me dí cuenta.
Apartir de ahí fué ya todo normal, pero hasta ese punto fue como un día en el que por alguna razón me tenía que levantar de la cama y salir a la calle.

Si nos paramos a pensar, nos damos cuenta de que hay días en la vida en que una decisión tan simple como levantarte a tiempo o quedarte en la cama durmiendo puede convertir un día normal en un día que no olvidarás en toda tu vida, y eso fué lo que me pasó a mí.

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